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jueves, 30 de julio de 2020

El Cega Ciego




            Ya no recuerdo cuando conocí a mi buen amigo Apuleyo Soto, cronista oficial de Braojos de la Sierra y de La Acebeda (Madrid), escritor del libro que ahora estoy leyendo, un hombre que ha recorrido el río segoviano Cega, de 150 kilómetros que va desde la sierra segoviana de Guadarrama a morir al padre Duero, cerca de la ciudad de Valladolid, y cuya contraportada lleva una fotografía mía en la que se ve a este poeta en uno de los muchos viajes que hemos hecho juntos por esos mundos de Dios.


            Es todo un personaje este maestro y periodista segoviano, hombre de mundo, que mira al mundo a través de la poesía de lo más cercano, de ahí su trilogía: “Por el Duratón al Duero, un viaje sentimental”, “A lo largo de río Riaza. Acciones, reflexiones y pasiones de un viajero solitario”. Y ahora éste, “El Cega Ciego”, calentito, pues salió de la imprenta el 25 de julio a través de la editorial Oportet, aposentada en la localidad madrileña de Paracuellos de Jarama.


            En el prólogo, Ignacio Sanz dice de la primera vez que oyó hablar de este tal Apuleyo fue en un original libro de poemas, junto a poetas de renombre como Vicente Alexaindre, José Hierro, Ángel González. El reconocido dramaturgo Antonio Buero Vallejo dijo de mi amigo Apuleyo que “era un niño duende y poeta con barba y pipa”. El maestro de la dramaturgia comparó las farsas teatrales del escritor segoviano con la de Casona, Lorca y Valle Inclán.


            En sus viajes, Apuleyo no busca a los demás, sino a sí mismo. Con ello se serena se recoge y se pone a redactar. Por eso, en una entrevista a la pregunta de: ¿Y goza doblemente del viaje?, el autor del “El Cega Ciego” responde: Cargado de cicatrices en el cuerpo y de experiencias en la mente, me siento rebosante como un pozo y por el brocal de la pluma o la pantalla virgen del ordenador, vierto las aguas de los conocimientos adquiridos y los sentimientos y emociones compartidos. Ya sabe, uno es uno y sus circunstancias por orteguiano y por unamuniano.


            Y eso hace en esta obra. Nos deleita con sus reflexiones poéticas y sus andanzas por este río castellano. Merece la pena recrearse en él, como nos recreamos una tarde de hace un par de años leyendo un poema juntos en el pupitre del aula de Antonio Machado allá en Baeza, o leyó una poesía en la serranía de la ciudad portuguesa de Chaves, donde encima de una piedra nos deleitó al pequeño y respetable auditorio, en plena naturaleza, porque al “Hilo de la vida”, Apuleyo saca lo mejor de sí mismo para regalárselo a los demás.


Un consejo, en esos días de la pandemia, disfrutará de la obra.

PVP de 20 €, llamando al 91 847 02 25/ o en a.sotopa@hotmail.com 



El vate Apuleyo Soto declamando en plena naturaleza portuguesa

viernes, 17 de julio de 2020

Extremeños ilustres, por Feliciano Robles





            Feliciano Robles Blanco es un ingeniero técnico industrial. Nació en 1947 en el pueblo cacereño de El Torno. Cuando tenía 14 años, en 1961, emigró a un pueblo de Barcelona. Allí comenzó a trabajar y, en estudios nocturnos, consiguió estudiar esta carrera técnica llegando a ser profesor, por oposición de la Tecnología de la Automoción en Sevilla.

 Su biografía completa se puede ver en: 



            Pues bien, a Feliciano se le ocurrió una buena idea y es la de editar la biografía de “Extremeños Ilustres”, que presentaron dos buenos amigos y cronistas de Cáceres y Cañamero, Santos Benítez y Esteban Cortijo, respectivamente, y cuya invitación al acto posee una fotografía de mi paisano Francisco Sánchez El Brocense” ilustre gramático, cuyas teorías gramaticales arrasaron en media Europa siglos pasados y actualmente lo estudia el más grande pensador estadounidense Noam Chomsky.




            En el libro en papel “Extremeños Ilustres” dedicado a la Literatura, con prólogo del periodista Félix Pinero se estudian las biografías de 64 personajes de la región que se han dedicado a estos y otros temas que tienen que ver con los libros: Filología, escritura, periodismo y poesía. El libro se abre con la biografía de El Brocense, seguido por otros ilustres como Benito Arias Montano, Juan Meléndez Valdés, José Espronceda, Carolina Coronado, Felipe Trigo, José López Prudencio, José María Gabriel y Galán, Luis Chamizo, etc.

            Ya en el siglo XX, Jesús Delgado Valhondo, Valeriano Gutiérrez Macías, y su hijo Juan de la Cruz Gutiérrez; Luis Álvarez Lencero, José María Valverde Pacheco y más actuales, José Antonio Gabriel y Galán, Paco Valverde, Manuel Pellecín Lancharro, Juan Carlos Rodríguez Búrdalo, o el periodista y poeta Santiago Castelo.

            Ya de mi generación (década de 1950 a 1960) Amalia Sánchez Sampedro, el prologuista Félix Pinero, al que tuve el gusto de conocer en el Periódico de Extremadura en tiempos de Germán Sellers de Paz; María Jesús Almeida; el dramaturgo Miguel Murillo, con el que compartí una tarde tomando una cerveza en Madrid con el insigne Antonio Buero Vallejo en los bajos del centro cultural madrileño de Colón “Fernando Fernán Gómez”, o las hermanas Inma y Dulce Chacón.

            Y de la década siguiente, personas tan ilustres como Isabel Gemio, Javier Cercas, Jesús Sánchez Adaliz; la periodista Pepa Bueno, la gestora cultural Carmen Fernández Daza y la número 64, (por orden cronológico), Irene Sánchez Carrión, nacida en Navaconcejo en 1967.

            Un servidor aparece más que por méritos propios, entre tantos ilustres, por la bondad de Feliciano Robles. Mi biografía está con 14 periodistas más, entre el poeta y pintor, Eulogio Díaz del Corral, natural de Zarza la Mayor, y la periodista pacense María Jesús Almeida, Medalla de Extremadura.