Mi
buen amigo hispano cubano Esteban Maciques Sánchez (La Habana 1953), ya más español que habanero, me envía
un interesante estudio sobre un reciente descubrimiento arqueológico en la Mina
de Ibor, en Castañar de Ibor, en la comarca cacereña de Los Ibores, cercana al
mundialmente famoso monasterio de Guadalupe y dentro del Geoparque de la UNESCO
de las Villuercas, los Ibores y la Jara.
Cabeza de corzo
El
trabajo lo ha realizado el Grupo de Investigación Cultural “Luis Montané” y está
formado por Esteban Maciques Sánchez y Luis Jara Jiménez, con fotografías del
hermano del segundo Alberto Jara Jiménez. Los tres han conseguido nuevos
descubrimientos de grabados sobre caliza, del Paleolítico Superior (Magdaleniense
entre 17.000 y 10.000 años antes de Cristo) en la Cueva II de la Mina de Ibor.
Este hallazgo amplía el número de grabados encontrados en esta gruta, hecho que
realza el valor del arte rupestre, dentro de este horizonte cultural en el
centro de la Península Ibérica.
En
septiembre de 2020 se descubrieron restos arqueológicos en la Cueva número I de
la Mina, en Castañar de Ibor, Ahora surgen estos nuevos descubrimientos hechos
por la mano del hombre primitivo con afilados elementos de piedra sobre una roca
caliza (Las fotos están realzadas para que se vean mejor las figuras).
Hay
un mural de 120 por 110 centímetros hay cinco figuras grabadas: Cabezas de un oso,
un corzo, un ciervo, un alce o un reno y también trazos en forma de letra M.
La
cabeza de un oso se trabaja a partir de grietas naturales. Se aprecian depresiones
desgastadas artificialmente, la primera en la zona del hocico y la segunda
sobre el ojo. El ojo ha sido tallado en forma de almendra con leve inclinación
hacia arriba.
Y el estudio termina con estas conclusiones:
La Cueva número II de la Mina de Ibor, en el término municipal de Castañar de Ibor, Cáceres, Extremadura, es un nuevo recinto que atesora importantes grabados Paleolíticos (El más tiempo duró en la península Ibérica fue el Solutrense, del año 22.000 al 17.000 antes de Cristo-Magdaleniense, del 17.000 al 10.000 a. C.). Por el valor y excepcionalidad de estas manifestaciones, merecen una protección especial, lo que lamentablemente no se ha conseguido hasta el momento, lo que las deja expuestas a cualquier acción vandálica. El arte rupestre aquí encontrado abre una nueva puerta a futuras investigaciones y apunta al hecho, más evidente con cada descubrimiento, de la importante presencia de la huella del hombre del Paleolítico Superior en el centro de la Península






















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