Egipto tiene siempre un encanto especial. El don del
Nilo sabe encandilar al viajero que se acerca hasta allí y sobre todo la
cultura faraónica que le envuelve, a donde acuden cada vez más españoles, pues hay buena sintonía entre nuestros conciudadanos y el pueblo egipcio. De hecho, la Organización Mundial del Turismo, con sede en España, considera que Egipto, junto a Túnez, Turquía y Grecia recuperarán turistas en 2018.
Al llegar al aeropuerto, el guía que
se hace llamar Saladino, nos da las explicaciones necesarias para saber moverse
en esta zona del mundo, calurosa a pleno día y con cierto frescor al amanecer y
al atardecer; hay una gran ventaja para los turistas europeos, pues antes un
euro estaba a 3 libras egipcias y ahora, con la devaluación, está a 20 libras.
Por cierto, siempre hay que regatear: Es algo que forma parte del pueblo árabe.
Hemos llegado al embarcadero del
barco Tiyi, un cinco estrellas, cuyo personal es atento y servicial. La cena,
un agradable autoservicio. Hay que levantarse temprano, Son las 23,30 horas y
el cuerpo, tras cinco horas de avión, está cansado; mañana el despertar será a
las 6,00 y nos espera una larga jornada para comenzar a ver cosas de los
faraones.

Pero antes se seguir, me informo
quien era Tiyi. Lo encuentro en el periódico “Le Progrès Egiptièn” cuando
cuenta la historia de esta reina de la XVIII dinastía que su esposo, el faraón,
la asocia a todas las manifestaciones de su reino, incluso el de la diplomacia.