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martes, 7 de julio de 2009

Simone Veil, una dama francesa



He tenido la oportunidad de estar presente en la conferencia que ayer ofreció en Madrid, en la sede de la Secretaría General Iberoamericana, Simone Veil, ministra de Sanidad en su país y primera presidenta del Parlamento Europeo, así como Premio Europeo Carlos V 2008. El acto estaba organizado por la Fundación Academia Europea de Yuste, que preside mi buen amigo Antonio Ventura. http://www.fundacionyuste.es/

Simone Veil que fue prisionera de guerra de los nazis, por el execrable delito de ser judía, estuvo prisionera en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, situado al sur de Polonia. Ha sabido perdonar a sus perseguidores, pero nunca olvidar la gran tragedia que supuso para los judíos y para los cientos de miles de gitanos, especialmente húngaros.

Esta mujer ha sido para mí, desde mi época joven, un faro de las libertades en Europa y un ejemplo de saber perdonar sin olvidar, sabiendo muy bien lo que quería. Habló de Robert Schuman, de origen germano luxemburgués, que llegó a ser ministro de Exteriores de Francia y que supo entender mejor que nadie que había que integrar a Europa en su unidad. Fue el creador, por así decirlo, de la Europa Unida.

Simone Veil no le va a la zaga. Esta mujer, ejemplo para tantas personas de lo que es y supone una Europa Unida, habló de qué manera se podría ayudar al Tercer Mundo, especialmente a Latinoamérica y ahora, en esta despiadada época en la que nos ha tocado vivir, al Continente Negro.

He conocido el campo de concentración de Auschwitz; fue un día gris del mes de noviembre, durante una visita turística por el sur de Polonia, cuando crucé aquella cancela que los alemanes en su ironía pusieron la siguiente leyenda. “El trabajo os hará libres”. Me quedé a solas en la celda del padre Maximiliano Kolbe, que se ofreció a morir en el lugar de un sargento padre de familia; y sentí, un poco después, la soledad y el pánico en las cámaras de gas, en los crematorios y en el museo del horror, con los pelos de los allí sacrificados. ¡¡¡Terrible!!!

Y leo hoy mismo en el diario ABC que el Papa saca a la luz su encíclica social “Caritas in veritate” (Caridad en la verdad), donde exige responsabilidades a los países ricos. Como leo en La Vanguardia, también hoy, que el avance de la desertificación por el cambio climático desata nuevos conflictos en África, pasando del diálogo al fusil Kalashnikov ruso. El mundo rico dedica al mundo pobre el 0,20%, cuando a todos los líderes se les llena la boca de que vamos a dar y daremos el 0,7% d e nuestros presupuestos.

Ha llegado la hora de repartir, de comprender al más pobre. No es cuestión de ideologías políticas, que siempre dividen, sino de ser humanos con los más necesitados. Creo que desde el puesto que a cada uno le toca en la vida: Ministra, papa, periodista o taxista, todos deberíamos luchar por ese ideal: Hacer un mundo más justo.

1 comentario:

anatema dijo...

Paco. Te envidio por haber podido asistir a la conferencia de Simone Veil. Imaginio el contenido de la misma y el rigor de sus palabras.

Hace algunos años estuve en el Campo de Concentración de Bergen Belsen (Alemania) donde murió Ana Frank y sentí, como tú, el mismo horror, la misma desolación, la misma impotencia ante tanta barbarie. Era por navidades y hacía un frío terrible y no era difícil adivinar lo que sentiría aquella pobre gente pululando por aquellos lugares.

Imagino que el frío físico no sería tanto como la frialdad del mundo, mudo ante su desdicha.

Un abrazo Paco.

(Nos vemos en Coria)