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lunes, 30 de junio de 2014

Un héroe mundial





 
 
 


            El domingo 29 de junio, a primeras horas de la mañana, paseaba por la famosa Avenida Andrassy de Budapest, cuando una bandera española me llamó la atención, en una calle lateral. Era domingo y la legación estaba cerrada, peor en su fachada se puede ver la placa que se puso a un  héroe mundial. Ángel Sanz Briz, que fue llamado el ángel de Budapest por haber salvado de las garras de la muerte a más de 5.200 judíos “españoles”, aunque en realidad sefarditas no serían más allá de los 200.

            Fue un hombre de la diplomacia franquista, pero que con valentía y argucia supo defender a personas que estaban condenadas a morir en las cámaras de gas, cuando no fusiladas al borde del Danubio, como pude apreciar en el “Monumento a los zapatos”, el único gran bien que poseían aquellos desdichados para los asesinos del régimen nazi y sus aliados, los húngaros de esa triste época.

            Ángel Sanz Briz, supo ganarse al delegado nazi, enviándole una gran cantidad de dinero de parte del Gobierno español para los expatriados ante el avance de los comunistas rusos en la zona del este de Alemania. Así le permitió poder alquilar bloques enteros donde metía a vivir a las familias judías. En un principio eran solo 200 individuos, después 200 familias, después con la trampa de la lista 200 A1; 200 A2, 200 A-3… y así hasta completar todo lo que pudo.

            Ángel Sanz Briz fue condecorado “Justo entre las Naciones” por el Estado de Israel y fue el primer embajador de España en la china comunista de Mao en 1973, cuya noticia fue una exclusiva que dio en el periódico “Pueblo”, la sagaz periodista Pilar Narvión, a la que tuve el gusto de saludar en mis tiempos mozos estudiantiles.

            Sanz Briz fue embajador de España ante El Vaticano, muriendo en Roma en junio de 1980. Honor a un gran hombre. A veces, el turismo tiene estos encuentros tan interesantes para uno mismo.

jueves, 26 de junio de 2014

Un viaje al sur de Hungría


                El viajero ha recorrido, en excelente autopista,  en autobús desde Budapest, por la ruta Panonia, hasta la ciudad de Pécs, al sur de Hungría. Durante el trayecto, embellecido por el verde paisaje rural nos alegra la vista por los variados verdes de las cosechas de maíz, girasol y los amarillos de la cebada y del trigo.
 

La jornada comenzó en el Gran Hotel Margitsziget, superior, situado en la bellísima isla Margarita, en el centro del río Danubio. www.danubiushotels.com, una joya para el placer y el descanso. En el recorrido se hicieron dos paradas antes de llegar a Pécs, ciudad Patrimonio de la Humanidad y Ciudad Europea de la Cultura en 2010, una para visitar Kecskemét y otra cerca ya de Pécs, para conocer el museo del prestigioso carnaval de Mohács, declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.


La parada en Kecskemét, capital de unos 140.000 habitantes, se hace junto a un bello edificio, que resulta ser el teatro Katona, junto a la cruz barroca de la peste, como tantas otras levantadas en Europa central, con santos tan diversos como un San Sebastián lleno de flechas o un San Antonio que carga con un Niño Jesús más grande que él. La localidad cuenta con un bello Ayuntamiento levantado en 1896, para conmemorar el milenio de la llegada de las tribus húngaras al país y en un paseo llegamos a la monumental sinagoga, que era el templo de unos 800.000 judíos que había en el país y que fueron masacrados, algunos de ellos al borde mismo del Danubio en Budapest, siendo despojados de sus “ricos” presentes, como eran sus zapatos antes de ser fusilados a la orilla. (Hoy un monumento con varios zapatos conmemora este desgraciadísimo incidente de los nazis en la capital). Pues bien de los 800.000 judíos que había en Hungría ahora solo quedan unos 100.000 y ésta sinagoga se convierte en el Museo de la Técnica. Al lado se halla el precioso palacio Cifrapalota, que posee una excelente fachada modernista como si fuera un bordado hecho en la pared del edificio, una filigrana muy sutil y delicada.


Antes de pasar por el pueblo de Mohács, de unos 20.000 almas, buena parte de ellas dedicadas a la agricultura y a la ganadería, pasamos por el recién restaurado molino de San Nicolás, donde Norberto un guapo hombre que enamoró a todas las mujeres del grupo, en pantalón corto y con mandil, es el molinero que recibe trigo de todas las partes de la Tierra donde residen húngaros, lo muele al estilo antiguo y con ese pan se ayuda a los más necesitados el día de San Nicolás.  El molino lo visitan  unas 5.000 personas entre escolares y personas jubiladas. Un detalle: en las cercanías vemos en la húmeda tierra unos enormes caracoles que se dejan coger para ser fotografiados.


Y pasamos, en unos 8 kilómetros, a la población, donde Sofía, la guía turística nos lleva hasta el museo para explicarnos de manera sucinta el carnaval del pueblo, donde hombres vestidos y disfrazados con pieles de oveja, se convierten en “busos”, tocando enormes matracas, y hacen un paseo con mujeres vestidas tradicionalmente  queman en una hoguera muebles y otros objetos rememorando la quema de los malos humores y malos momentos vividos el año anterior. Es tan interesante este carnaval que procede del siglo XVIII, que  la UNESCO le ha declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en 2009, aunque a mí me recuerdan las Carantoñas de Acehúche (Cáceres), pues como dice el propio folleto turístico que nos entregan como documentación, los “busos” son algo que además se encuentran en otras naciones. www.busojaras.hu

Y de aquí a Pécs, pero eso ya es… otra jornada que aún no se ha vivido.