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miércoles, 26 de junio de 2019

Mi primer mar





            Escribo estas líneas al atardecer, mirando el mar, ese Océano Atlántico que llevó a Colón y, posteriormente, a mis paisanos extremeños a las Indias Occidentales. Aquí fue donde yo vi el mar a mis 18 años recién cumplidos, tras escaparnos de la residencia universitaria de Cáceres y hacer desde la capital norextremeña hasta Conil de la Frontera un largo viaje en autostop.



            Llegamos otro universitario y yo hasta Conil invitados por Quini, un joven cuyo padre había diseñado las obras del matadero municipal de Brozas. Nos había escrito una postal y nos había retado a que le visitáramos. Ni cotos ni perezosos los jóvenes que estábamos estudiando por entonces el curso de Preuniversitario nos pusimos en camino y señalando con el dedo salimos cuatro de Cáceres y el primer día, otro y yo, llegamos directamente a Sevilla, por laN-630 (entonces no había autovías como ahora, la A-66). El otro dúo no llegó esa misma jornada, sino la siguiente. Cada uno de nosotros llevaba la enorme cantidad de 100 pesetas de 1970; para entendernos ahora… ¡¡¡ 60 céntimos de euros!!!



            Al llegar a Conil buscamos la dirección correcta de Quini y nos presentamos en el chalet que había alquilado la familia para pasar sus vacaciones, allá por el verano de 1970. A su padre le extrañó mucho, pero le dijimos que habíamos sido invitados por su hijo. Lo entendió. Era un hombre muy afable.



            Al atardecer, como a las ocho de la tarde, fuimos a ver la playa. Me quedé impresionado y emocionado al ver por primera vez el mar… yo, un chico de un pueblo de secano, del interior de España, en mi querida Extremadura. Mi primera gran experiencia fue subir ese mismo verano al Pico del Moro Almanzor, en la Sierra de Gredos, con sus 2.600 metros; la segunda, ver el mar en Conil de la Frontera. Cuando llegué me sombré de la cantidad de agua que había y de su playa. La sensación de lo que era el mar me llegó la mañana siguiente cuando vi que el mar había retrocedido cientos de metros y la playa era muchísimo más amplia por la marea baja.



            Esta tarde me encuentro frente a la Playa de La Barrosa, un de las mejores playas de España, de unos 8 kilómetros de longitud, sin urbanizaciones a escasos metros; solo las dunas impiden ver las excelentes instalaciones hoteleras de la zona, como es el hotel Meliá Sancti Petri, He tenido la suerte de tener una habitación de cara al mar y disfruto de la magnífica vista y del atardecer.

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